
Violeta Parra
Creadora de una obra reconocida en todo el mundo, es la inspiradora de la Nueva Canción Chilena.
“Y el canto de todos, que es mi propio canto”, escribió Violeta Parra (1917-1967) en Gracias a la vida, un tema que ha sonado en todo el mundo y en varios idiomas. Es la hermana mayor de los músicos y poetas populares de Chile. Hizo investigación folclórica y creó una riquísima obra poética, musical y plástica.
Nació en la sureña ciudad de San Carlos y a los siete años ya imitaba a su padre que tocaba la guitarra, un instrumento era demasiado grande para ella. “Tenía que apoyarla en el suelo, comencé a cantar despacito las canciones que escuchaba a los grandes”, comentó años después.
Llegó a Santiago en la adolescencia y trabajó con sus hermanos en restaurantes populares. Cantaban lo que el público les pedía: boleros, canciones mexicanas, tonadas, cuecas o tangos. Con su hermana Hilda, grabó su primer disco y en 1953 optó por ser solista.
Difusora de la poesía y el canto populares, el alma del campo y la metrópolis se expresa en la autenticidad de sus interpretaciones. En 1957, fundó y fue la primera directora del Museo de Arte Popular de la Universidad de Concepción.
Viajó invitada a Europa en los 50. Vivió dos años en París, donde grabó para el sello Chante du monde y la BBC de Londres, entre otros. En 1964, expuso sus tapices en el Museo de Artes Decorativas del Louvre, una distinción inédita para el arte popular latinoamericano.
De regreso a Chile, levantó su carpa, que también fue un lugar para sus hijos Ángel e Isabel e inspiró la Nueva Canción Chilena, una corriente que desde mediados de los 60 incluyó a Patricio Manns, Víctor Jara, Quilapayún e Inti Illimani, entre tantos otros.
Promovió grupos, alentó a investigadores e intérpretes. Pero el reconocimiento público no fue suficiente para ella. Sufría también males de amor. Su dolor, como todo lo suyo, fue auténtico. Violeta Parra se suicidó a los 50 años, el 5 de febrero de 1967.

