Gente de Chile

Los pueblos originarios de Chile se relacionaron a partir del siglo XVI con los descubridores españoles. Posteriormente, a esa mixtura se sumaron quienes llegaron desde otras naciones europeas y asiáticas. Diariamente, sigue formándose una diversidad mestiza que hoy suma unos 16 millones de personas.

Idioma

El idioma oficial es el español. También se hablan mapudungún, aimara, rapa nui, quechua y alacalufe (kawésqar).

Población

En 2002, año del último censo, la población era de 15.116.435 habitantes. La proyección para 2009 es de 16,9 millones. El 86,6% de la población total vive en zonas urbanas y 6,8 millones residen en la Región Metropolitana de Santiago, la capital del país.

Religión

El Estado chileno es laico y tolerante y la libertad de culto está garantizada constitucionalmente. Datos oficiales de 2002 mostraban que casi un 90% de los chilenos mayores de 15 años se declaraba creyente, mientras que el resto contestó no tener religión, ser ateo o agnóstico. De los creyentes, el 70% se consideró católico; 15,1%, evangélico y el 4,4%, dividido en otros credos.

Etnias

El 4,6% del total de los habitantes de Chile, cerca de 700.000 personas, se consideraba perteneciente a diversas etnias. La mapuche, la más numerosa, vive en el sur del país y Santiago. Los aimaras y atacameños son del norte; los rapa nui, de la isla de Pascua; los alacalufes y yámanas, del extremo sur.

Mapuche, Rapa Nui, Aymara

Mapuche, Rapa Nui, Aymara Fotografía: Sernatur

Fotografía Mapuche: 87,31%
Aimara: 7,01%
Atacameño: 3,04%
Quechua: 0,89%
Rapa nui: 0,67%
Alacalufe: 0,38%
Colla: 0,46%
Yámana: 0,24%

Inmigrantes

Los primeros españoles llegaron a Chile a mediados del siglo XVI. Dos siglos después, con el incentivo y apoyo del Estado, arribaron alemanes, croatas, franceses, italianos y británicos. El siglo XX recibió a inmigrantes asiáticos y europeos que llegaron producto de la Segunda Guerra Mundial. En las últimas décadas, el crecimiento económico del país atrajo también a argentinos, peruanos y ecuatorianos.

La diversidad multicultural salta a la vista al recorrer Chile. En el extremo sur, las tradiciones croatas se manifiestan hasta hoy. Capitán Pastene, en la Región de La Araucanía, es un pequeño pueblo típicamente italiano, fundado por los extranjeros a fines del siglo XIX.

La arquitectura bávara y la gastronomía expresan la influencia alemana en Frutillar y Puerto Varas. El deporte no es ajeno a esta pluralidad y en la liga profesional de fútbol compiten los clubes Palestino, Audax Italiano y Unión Española, representativos de las respectivas colonias.

Literatura y poesía

Los escritores de Chile crean y recrean el mundo desde un país que fue contado la primera vez por Alonso de Ercilla y Zúñiga, cronista español del siglo XVI. En su obra principal, el poema épico “La Araucana”, pone en perfectos versos endecasílabos: “Chile, fértil provincia y señalada/ en la región antártica famosa/ de remotas naciones respetada/ por fuerte, principal y poderosa”.

Cuatro siglos después, los poetas Gabriela Mistral y Pablo Neruda recibieron el Nobel de Literatura. El mayor galardón de las letras mundiales reconoce en la obra de los chilenos la voz de América Latina y los sueños y valores más profundos de la humanidad.

De la oralidad a la escritura

Se suele sostener que el país fue inventado por un poeta, en referencia a La Araucana, obra publicada parcialmente por primera vez en Madrid el 1569. El texto relata pasajes de la guerra entre los mapuches y los conquistadores, describe el carácter del pueblo originario y la exuberante naturaleza que salía al encuentro del autor.

Sin embargo, lo primero no fue la escritura. Para el pueblo mapuche, que habitó estas tierras antes de la llegada de los españoles, el lenguaje era de tradición oral, no escrita. La poesía formaba parte de la oratoria guerrera y de ritos fúnebres o religiosos. A partir del arribo de los europeos, se desarrolló la literatura colonial, obra de españoles y criollos o nacidos en Chile.

País de poetas

“Chile, país de poetas”, sostiene el refrán popular. Y los dos premios Nobel parecen confirmarlo. Otros autores diversos han contribuido con sus obras por si quedara alguna duda. Por ejemplo, Vicente Huidobro (1893-1948), fue parte de las vanguardias europeas en París a comienzos del siglo XX, fundó junto al poeta francés Pierre Reverdy el creacionismo. “Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!/ Hacedla florecer en el poema”, propone.

En la diversidad de autores, destacan Nicanor Parra (1914), creador de la antipoesía y quien incorpora a su obra el lenguaje coloquial, la ironía y un tono alejado de la solemnidad, así como Gonzalo Rojas (1917), para quien la sensualidad y el erotismo son materiales frecuentes en sus textos.

Un lugar propio ocupan los poetas que comenzaron a publicar sus obras en la segunda mitad del siglo XX. Enrique Lihn (1929-1988) y Jorge Teillier (1935-1996) son dos de los más destacados.

Los poetas de los 60 son parte de la “generación diezmada” por el golpe de Estado y algunos sufrieron la prisión y el exilio. En los 80, bajo la dictadura militar, surge la llamada “generación NN”, una clara alusión al anonimato y la clandestinidad.

Por esos años, apareció una potente voz poética femenina y feminista, al tiempo que desde el sur llegó la obra de poetas mapuches, que transitan desde la ancestral tradición oral a lo que nombran con el vocablo “oralitura”.

Narrativa

Los libros de Roberto Bolaño se encuentran actualmente en librerías de todo el planeta. La obra del chileno, fallecido en 2003, ha sido especialmente valorada en España y Estados Unidos, país donde obtuvo tras su partida importantes reconocimientos. Los detectives salvajes y 2666 son sus novelas más relevantes, reflejo de una realidad latinoamericana más urbana y cerebral que la expresada por los escritores del realismo mágico.

Isabel Allende             Fotografía: Sernatur

Isabel Allende Fotografía: Sernatur

Isabel Allende, autora destacada internacionalmente, entre otras, de las novelas La casa de los espíritus, Eva Luna y Retrato en sepia, ha vendido más de 35 millones de ejemplares en todo el mundo.

Los orígenes de la literatura chilena se remontan cuatro siglos, hasta los cronistas de Indias. En aquellos textos fundamentales, está contenido el testimonio de viajeros que, sin saberlo, establecieron las bases de la prosa que dio origen a la narrativa y el ensayo del país. La primera y principal obra en este género se publicó en 1644; su autor fue el sacerdote jesuita Alonso de Ovalle y se titula Histórica relación del reino de Chile.

El libro El cautiverio feliz, escrito por el criollo Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán en 1673, es considerado la primera novela chilena.

Si bien Recuerdos del pasado, de Vicente Pérez Rosales, constituye un hito literario en el siglo XIX, la primera generación de narradores chilenos es la criollista o costumbrista. Su exponente más notable es Manuel Rojas (1896 – 1973), autor de la novela Hijo de ladrón.

Luego, a partir de la generación del 50, adquiere relevancia la corriente del nuevo cuento chileno. José Donoso y María Luisa Bombal son dos de sus principales exponentes. Huellas surrealistas hay en sus obras, entre las que destacan El obsceno pájaro de la noche y La última niebla, respectivamente.

La década de los 60 fue el escenario de una nueva generación de narradores. Los temas urbanos, cosmopolitas y de compromiso social ocupan ahora a los creadores, que los incorporan a sus obras de modo protagónico. Antonio Skármeta y Poli Délano son sus referentes.

A partir de los 70, la novela y el cuento nacionales cruzan también los cambios políticos y sociales, sobreponiéndose a las limitaciones y la censura. Nuevos aires soplan en la última década. Nuevas obras y nombres que se unen a la sólida tradición de escritores que tuvo sus primeros balbuceos cuatro siglos atrás.

Luis Sepúlveda, Hernán Rivera Letelier, Ramón Díaz Eterovic, Gonzalo Contreras, Pedro Lemebel, Alejandro Zambra, Carla Guelfenbein, Marcela Serrano, Jaime Collyer, Pablo Azócar y Alejandra Costamagna son algunos de los tantos destacados narradores chilenos actuales.